¿Porqué se celebra el Día de muertos el 1 y 2 de Noviembre?

Una de las tradiciones más peculiares de la cultura mexicana es el Día de Muertos, sin embargo no todos saben por qué esta celebración tiene lugar el 1 y 2 de noviembre.

Para saberlo, es necesario hacer un breve repaso sobre su origen, pues esta tradición se ha ido construyendo desde hace siglos y terminó de conformarse con la unión de las costumbres del México prehispánico con los ritos cristianos provenientes de Europa.

El culto a los muertos en el México Antiguo

Si bien cada cultura mesoamericana tenía distintos rituales, en general, la concepción que tenían sobre la muerte tenía como hilo conductor la devoción a los difuntos.

Para el investigador Patrick Johansson, en el México antiguo había lazos rituales continuos con los muertos, los cuales, dependiendo del rango y desempeño que habían tenido en vida, eran objeto de culto y veneración, y seguían siendo invocados en diversos momentos de la vida social de las culturas precolombinas.

Se invocaban para la siembra, la cacería o la guerra, se convocaban en el contexto de ritos mágicos, y se evocaban para distintos acontecimientos sociales como los nacimientos, matrimonios, etcétera. Los finados seguían participando espiritualmente de manera activa a la vida del grupo”, comentó Johansson.

En el caso de los mexicas, una persona tenía alguno de estos destinos al morir:

El Mictlán: regido por Mictlantecúhtli, el dios de la muerte. Aquí iban los que morían de muerte natural o enfermedades. Iban acompañados por un perro que los guiaba por varias pruebas.
El Tlalocan: el reino del dios Tláloc, deidad de la lluvia. Allí iban quienes morían por causas relacionadas con agua. Siempre había comida y gran regocijo.
La Casa del Sol o Tonatiuh Ichan: ahí iban los que morían en una lucha o dando a luz. Tras cuatro años se volvían hermosas aves (casi siempre colibríes) y bajaban a la tierra.
El Cincalco: donde iban los niños que mueren en su tierna infancia o en la lactancia.
Tanto para los mexicas, como para otros pueblos prehispánicos, la muerte estaba presente a lo largo del año, por medio de cultos donde recordaban a los difuntos y no solo en alguna fecha en específico, como sucede actualmente.

Los ritos cristianos

El Día de Muertos, como lo conocemos en la actualidad, surgió tras el encuentro de las civilizaciones americanas con los conquistadores europeos, y la implementación que estos hicieron de la religión católica.

De hecho, muchos de los elementos de esta celebración tiene su origen en costumbres cristianas europeas.

En los reinos católicos de León, Aragón y Castilla se tenía la costumbre de preparar, para las fiestas asociadas a la celebración del día de ‘Todos los Santos’, ciertos alimentos como dulces y panes que imitaban las reliquias (los huesos que se suponía habían pertenecido a los santos). Esas réplicas en dulce de los huesos pudieron ser canillas con miel, aunque hubo otras que semejaban distintas partes del cuerpo: cráneos, astillas de hueso y hasta esqueletos completos. En Cataluña se les conoce como panallets y se elaboran con almendras.

(…) En Santiago de Compostela y en Galicia en general, el día 31 de diciembre se deja la mesa puesta para que vengan los muertos familiares y compartan la comida de fin de año. En Sicilia se cree que los ancestros vienen y les traen regalos y dulces a los niños de la familia el 2 de noviembre”, señaló la investigadora Elsa Malvido, quien fue investigadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) por más de 40 años.

La unión de dos universos

Como vimos en el apartado anterior, los europeos cristianos ya contaban con las fiestas de Todos los Santos y la de Los Fieles difuntos. La primera es una celebración para aquellos muertos que, tras superar el purgatorio, se santificaron totalmente, obteniendo la visión beatífica y que ya gozan de la vida eterna en la presencia de Dios.

En tanto, la fiesta de los Fieles Difuntos tiene como objetivo orar por los creyentes que finalizaron su vida terrenal, sobretodo por aquellos que permanecen en estado de purificación en el Purgatorio.

Los indígenas contaban con dos fiestas similares, pero que se celebraban en fechas distintas:

El Miccailhuitontli o “Fiesta de los Muertos Pequeños”
El Huey Miccailhuitl o “Fiesta de los Muertos Grandes”.
Rápidamente, los grupos indígenas asimilaron los ritos provenientes de Europa y los unieron a sus propias fiestas, juntando en solo dos días todas las celebraciones prehispánicas sobre la muerte.

Finalmente, la Fiesta de los Fieles Difuntos que se celebra el 1 de noviembre fue dedicada a los muertos pequeños a quienes se les pone una ofrenda y se adornan sus tumbas. Supuestamente los niños e infantes regresan ese día para visitar a sus familiares.

La Fiesta de Todos los Santos gira entorno a los muertos grandes, quienes también regresan a para estar con sus seres queridos, pero ellos lo hacen el 2 de noviembre.

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